Antimio Cruz (Agosto/2008)
Pensar que en un futuro cercano puede haber un robot que tome su orden cuando vaya a comprar una hamburguesa o que recorra con usted los pasillos de un museo o las calles de un sitio histórico mientras le explica lo que observan a su paso, no es una fantasía. De hecho, en la Universidad Nacional Autónoma de México ya existe un robot que aprende ese tipo de interacción con las personas, se llama Golem.
“Golem es un sistema que tiene muchos componentes, uno de ellos es propiamente el robot, pero la aportación central que ha hecho este laboratorio es crear un sistema que le permita al robot tener diálogos inteligentes en español”, explicó durante un recorrido por el Departamento Luis Pineda Cortés, líder del proyecto Golem.
Mientras el académico describía lo que el visitante puede percibir, la investigadora Wendy Aguilar Martínez conversó con el expositor de inteligencia artificial.
Dijo el anfitrión de metal al ingresar a la sala donde trabajaba, en medio de 12 carteles que contienen información de igual número de investigaciones científicas.
- Sí Golem. Sí queremos saber de ti.
Le respondió la investigadora.
- Mis programas corren en tres computadoras que están conectadas con mis antenas vía inalámbrica. Los programas con los que trabajo están codificados en diferentes lenguajes, como Linux y Windows Indicó el robot.
De este modo, el interlocutor electrónico puede explicarle a los visitantes lo que se está haciendo en el IIMAS en materia de inteligencia artificial, incluyendo temas tan complejos como los llamados “nudos discretos”.
Es importante aclarar que la estructura metálica de 30 kilos del robot no fue hecha en la UNAM, pero los programas que lo hacen inteligente sí. “El software que tiene Golem es mucho más complejo que un sistema de reconocimiento de voz, pues eso lo único que hace es similar a traducir el sonido a texto. En este caso lo que hemos creado es un sistema para que el robot entiende qué significa una instrucción y, en un nivel básico, cuáles son las intenciones y acciones de su interlocutor”, indicó el doctor Luis Pineda.
El componente central del proyecto es el llamado Sistema de Administración del Diálogo, una tecnología desarrollada por la UNAM que se encarga de llevar la conversación. Con ese sistema, el robot puede saber a qué se refiere una pregunta dentro del contexto de una conversación. Si la pregunta se sale del contexto que él domina, por ejemplo si se le pregunta algo de deportes cuando está hablando de ciencias de la computación, simplemente responde “no te entiendo”.
Para la integración de los programas y el desarrollo de la inteligencia de Golem, los expertos en ciencias de la computación han trabajado muy de cerca con especialistas en lingüística, coordinados por la investigadora Aidé Castellanos Vargas.
“Este proyecto de inteligencia artificial también demuestra que el lenguaje bien utilizado puede amplificar mucho su impacto. Nosotros pensamos que el éxito de las sociedades del siglo XXI dependerá del buen uso del lenguaje porque ahora las individualidades ya no son suficientes, lo podemos ver en el hecho de que una de las dificultades que hay en todo el mundo para poner en marcha proyectos vanguardistas de alta tecnología es que se requieren muchas personas muy talentosas coordinadas perfectamente. Esto es algo que tenemos que aprender en México para podernos coordinar y hacer proyectos realmente de vanguardia”, indicó Luis Pineda Cortés.
Los 50 años de la computación en México
Como parte de las celebraciones para conmemorar medio siglo de la computación en México, los investigadores del Departamento de Ciencias de la Computación del IIMAS participarán en el congreso que realizará la UNAM del 12 al 14 de noviembre en el Palacio de Minería.
Sobre el encuentro, el líder del proyecto Golem sostuvo que debe ser una oportunidad para reorientar el esfuerzo que México está realizando en informática, pues si bien en la actualidad existen en el país 600 programas de licenciatura relacionados con la computación y más de 100 posgrados enfocados a las computadoras, la mayoría de los egresados trabaja en el área de servicios de cómputo, y sólo 550 están generando tecnología computacional.
“No es lo mismo ser el ingeniero que diseña un auto que el mecánico que le da mantenimiento. Hay que reconocer que sí tenemos capacidad para hacer nuestras propias aportaciones al conocimiento mundial de la computación, pero para ello hay que hacer que la comunidad de científicos se agrupe, que el gobierno se dé cuenta que debe apostar por políticas de fomento más ambiciosas, y que las empresas vean las grandes ganancias que genera dar valor agregado a un producto cuando integra nuevo conocimiento. Allí está el ejemplo de Intel, que cambia sus procesadores en forma frecuente, sin frenarse por la inversión en investigación”.
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