El más grande ídolo del boxeo mexicano ha muerto. Raúl Macías Guevara, el popular Ratón de Tepito, perdió ayer la batalla que desde hace casi un mes libraba con la muerte. El hombre que después de cada combate se iba caminando desde la Glorieta de Peralvillo hasta la Basílica de Guadalupe para dar gracias por sus triunfos. Raúl Ratón Macías fue uno de los máximos ídolos deportivos que ha tenido México, su poluraridad fue tal, que le compusieron canciones y fue actor de cine y de televisión En su niñez fue zapatero, en su adolescencia mensajero y en su juventud un boxeador que paralizó a todo el país, un auténtico ídolo de las multitudes que creó la frase "todo se lo debo a mi mánager y a la Virgencita de Guadalupe" El "Ratón" fue un estandarte alejado de los escándalos y dedicado únicamente a la pasión de su vida, el boxeo. Macias fue un boxeador que alcanzó la fama y tal popularidad que en su momento, impuso récord de entrada en la Plaza de Toros México con 55 mil personas disputando el cetro gallo de Norteamérica con Nate Brooks al que derrotó. Convivió con grandes figuras del deporte y del espectáculo en la década de los cincuenta, con personajes que gozaron del fervor popular, en futbol Horacio Casarín, los toreros Silverio Pérez, Lorenzo Garza, los inmortales actores Pedro Infante y Jorge Negrete, los luchadores El Santo y Gori Guerrero. Representó a los pobres de México, a los que menos tienen, a los desposeídos. Con su carisma y sencillez llegó a los corazones de la gente, del pueblo que es finalmente quien elige a sus ídolos, a sus auténticas figuras. La admiración del público por el "Ratón" era tal, que fue uno de los primeros deportistas en incursionar en el cine y también le fueron compuestas canciones en su honor, como la que le dedico "El Charro" Avitia. Después de retirase, Raúl Macías siempre estuvo cerca del boxeo, fuera como promotor deportivo o como miembro del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Es el mismo organismo quién le ha rendido un pequeño homenaje al ex boxeador. El CMB hizo una recopilación de imágenes y videos de las peleas del "Ratón" acompañada de la canción de El Charro Avitia.
Fuente: El Universal On Line
martes, 24 de marzo de 2009
domingo, 22 de marzo de 2009
sábado, 21 de marzo de 2009
jueves, 19 de marzo de 2009
Dell Adamo

El Dell Adamo ya es oficial, y mirando sus características y precio, nos quedamos con el diseño. Tal cual.
El modelo de 13.4 pulgadas será el primero de la gama Adamo. Ya veremos cómo andan de precio los que tengan que venir, pero el primer Dell Adamo nos costará de partida 2.000 dólares con disco SSD de 128 GB pero con gráfica integrada Intel X4500.
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martes, 17 de marzo de 2009
miércoles, 4 de marzo de 2009
El gadget ideal para el cibersexo
Después de la nota del cuate con los huevos de fuera, va una nota de un nuevo gadget para cibersexo, habrá que probarlo...
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lunes, 2 de marzo de 2009
Y bueno, un reconocimiento virtual a La Jornada...
Curioso que hoy 1° de marzo de 2009 se festejen 25 años del nacimiento del diario La Jornada, que sinceramente creo que es el mejor que se publica en México; virtual porque este año 2009 febrero solo tuvo 28 días.
Enhorabuena.
El 29 de febrero hace 25 años...
Fue como la botadura de un barco. Allí estaban todos: el capitán, los oficiales de mando, la marinería en pleno y los pasajeros ansiosos por abordar y partir hacia otros horizontes. El único problema era que el barco no existía aún.
Al caer la noche del 29 de febrero de 1984, más de cinco mil personas con boleto pagado se acomodaban codo a codo en un salón del Hotel de México. Muchas más aguardaban pacientemente para entrar, formadas en una cola que llegaba hasta Insurgentes.
Gabriel García Márquez, quien hacía poco más de un año, vestido con una guayabera de liki-liki, había recibido el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, era uno de tantos que habían tenido que hacer fila para comprar su boleto e ingresar al salón.
Grandes artistas como Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Alberto Gironella y muchos otros habían donado obra plástica para echar a andar un proyecto que en términos económicos arrancaba de cero. Su capital más importante, aquella noche, era ético y se llamaba credibilidad.
Entre los asistentes figuraban dirigentes y representantes de los principales partidos políticos del país: Mario Vargas Saldaña, secretario general del PRI; Pablo Gómez, líder nacional del PSUM (Partido Socialista Unificado de México, años después, PRD); Gonzalo Altamirano Dimas, vocero del PAN; Heberto Castillo, timonel del PMT e inventor de la estructura llamada tridilosa, columna vertebral del gigantesco edificio construido, pero no acabado, por el empresario español Manuel Suárez y decorado por el muralista David Alfaro Siqueiros.
Funcionarios de todos los niveles del gobierno en turno, líderes sindicales, activistas de izquierda, defensores de derechos humanos, estrellas de cine y televisión, y, fundamentalmente, hombres y mujeres de todas las expresiones de la sociedad civil, encarnaban ahí la pluralidad que desde su nacimiento La Jornada ha congregado en sus páginas.
Aquella noche –hace exactamente 25 años—, el sociólogo Pablo González Casanova, ex rector de la UNAM, abrió su discurso con estas palabras: “Porque somos optimistas luchamos. Porque tenemos esperanza en un destino somos críticos”. Y lo cerró con las siguientes: “Hemos decidido fundar una sociedad nacional, que realice sus tareas en la prensa escrita. La primera tarea será fundar un periódico diario. Su director ha sido ya elegido en una asamblea de iguales: es Carlos Payán Velver”.
El aplauso unánime y prolongado que la mención de este nombre suscitó en el gentío, fue la ratificación clamorosa del abogado y periodista como líder de aquel incipiente proyecto de comunicación, que dirigiría con tenacidad y talento a lo largo de doce años, hasta convertirlo, a partir de la rebelión de los indígenas zapatistas de Chiapas, en una “referencia internacional”, como él mismo lo ponderó en un análisis retrospectivo, publicado en estas páginas en 1999.
Pero aquella noche, en un ejercicio de anticipación, el núcleo de 70 fundadores de este periódico entregó a los numerosos asistentes al Hotel de México (hoy World Trade Center) un cartel tamaño oficio, diseñado por Vicente Rojo, que no era sino la primera plana del número “bajo cero” de La Jornada, y que en su nota principal reseñaba lo que todavía no ocurría o, en ese momento, más bien, estaba apenas ocurriendo: “En una reunión de iguales se anuncia un nuevo diario”.
Aquella falsa portada incluía los nombres de todos los convocantes a la aventura, una descripción de cómo iba a ser físicamente La Jornada, una “guía de (o para los futuros) accionistas” de la sociedad mercantil en gestación, una foto de la elección de Payán como director general, una caricatura de El Fisgón, un anuncio del estreno mundial de Frida, de Paul Leduc, con las actuaciones de Ofelia Medina y Juan José Gurrola, y en la parte superior de la primera columna, a la izquierda, un resumen de todos los significados de la palabra “jornada”.
Ese vocablo era el resultado de un debate que los fundadores de este proyecto sostuvieron durante largas tardes y noches en una casona de las Lomas de Chapultepec para escoger el nombre del periódico. Luego de descartar opciones como La Calle, El Correo o El Camino, las propuestas finalistas fueron dos: La Jornada y Rayuela. Como es más que obvio, la segunda obtuvo el premio de consolación al darle título a nuestro minieditorial de la contratapa, homenaje permanente a la novela y el espíritu de Julio Cortázar.
Un cuarto de siglo después de aquella noche inolvidable, La Jornada publica hoy su número 8814, cuenta con 9 ediciones regionales en toda la República, capta 73 millones de visitas anuales por Internet y, lo más importante, conserva intacto su capital ético. Porque La Jornada es, y seguirá siendo, un periódico diferente.
RAYUELA
Jornada: Del latín diurno, propio del día • Camino que yendo de viaje se anda regularmente en un día • Tiempo de duración del trabajo diario de los obreros • Fig. tiempo que dura la vida del hombre… • Estipendio del trabajador por un día, jornal • Tirada de unos mil 500 pliegos que se hacía antiguamente en un día.
Enhorabuena.
El 29 de febrero hace 25 años...
Fue como la botadura de un barco. Allí estaban todos: el capitán, los oficiales de mando, la marinería en pleno y los pasajeros ansiosos por abordar y partir hacia otros horizontes. El único problema era que el barco no existía aún.
Al caer la noche del 29 de febrero de 1984, más de cinco mil personas con boleto pagado se acomodaban codo a codo en un salón del Hotel de México. Muchas más aguardaban pacientemente para entrar, formadas en una cola que llegaba hasta Insurgentes.
Gabriel García Márquez, quien hacía poco más de un año, vestido con una guayabera de liki-liki, había recibido el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, era uno de tantos que habían tenido que hacer fila para comprar su boleto e ingresar al salón.
Grandes artistas como Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Alberto Gironella y muchos otros habían donado obra plástica para echar a andar un proyecto que en términos económicos arrancaba de cero. Su capital más importante, aquella noche, era ético y se llamaba credibilidad.
Entre los asistentes figuraban dirigentes y representantes de los principales partidos políticos del país: Mario Vargas Saldaña, secretario general del PRI; Pablo Gómez, líder nacional del PSUM (Partido Socialista Unificado de México, años después, PRD); Gonzalo Altamirano Dimas, vocero del PAN; Heberto Castillo, timonel del PMT e inventor de la estructura llamada tridilosa, columna vertebral del gigantesco edificio construido, pero no acabado, por el empresario español Manuel Suárez y decorado por el muralista David Alfaro Siqueiros.
Funcionarios de todos los niveles del gobierno en turno, líderes sindicales, activistas de izquierda, defensores de derechos humanos, estrellas de cine y televisión, y, fundamentalmente, hombres y mujeres de todas las expresiones de la sociedad civil, encarnaban ahí la pluralidad que desde su nacimiento La Jornada ha congregado en sus páginas.
Aquella noche –hace exactamente 25 años—, el sociólogo Pablo González Casanova, ex rector de la UNAM, abrió su discurso con estas palabras: “Porque somos optimistas luchamos. Porque tenemos esperanza en un destino somos críticos”. Y lo cerró con las siguientes: “Hemos decidido fundar una sociedad nacional, que realice sus tareas en la prensa escrita. La primera tarea será fundar un periódico diario. Su director ha sido ya elegido en una asamblea de iguales: es Carlos Payán Velver”.
El aplauso unánime y prolongado que la mención de este nombre suscitó en el gentío, fue la ratificación clamorosa del abogado y periodista como líder de aquel incipiente proyecto de comunicación, que dirigiría con tenacidad y talento a lo largo de doce años, hasta convertirlo, a partir de la rebelión de los indígenas zapatistas de Chiapas, en una “referencia internacional”, como él mismo lo ponderó en un análisis retrospectivo, publicado en estas páginas en 1999.
Pero aquella noche, en un ejercicio de anticipación, el núcleo de 70 fundadores de este periódico entregó a los numerosos asistentes al Hotel de México (hoy World Trade Center) un cartel tamaño oficio, diseñado por Vicente Rojo, que no era sino la primera plana del número “bajo cero” de La Jornada, y que en su nota principal reseñaba lo que todavía no ocurría o, en ese momento, más bien, estaba apenas ocurriendo: “En una reunión de iguales se anuncia un nuevo diario”.
Aquella falsa portada incluía los nombres de todos los convocantes a la aventura, una descripción de cómo iba a ser físicamente La Jornada, una “guía de (o para los futuros) accionistas” de la sociedad mercantil en gestación, una foto de la elección de Payán como director general, una caricatura de El Fisgón, un anuncio del estreno mundial de Frida, de Paul Leduc, con las actuaciones de Ofelia Medina y Juan José Gurrola, y en la parte superior de la primera columna, a la izquierda, un resumen de todos los significados de la palabra “jornada”.
Ese vocablo era el resultado de un debate que los fundadores de este proyecto sostuvieron durante largas tardes y noches en una casona de las Lomas de Chapultepec para escoger el nombre del periódico. Luego de descartar opciones como La Calle, El Correo o El Camino, las propuestas finalistas fueron dos: La Jornada y Rayuela. Como es más que obvio, la segunda obtuvo el premio de consolación al darle título a nuestro minieditorial de la contratapa, homenaje permanente a la novela y el espíritu de Julio Cortázar.
Un cuarto de siglo después de aquella noche inolvidable, La Jornada publica hoy su número 8814, cuenta con 9 ediciones regionales en toda la República, capta 73 millones de visitas anuales por Internet y, lo más importante, conserva intacto su capital ético. Porque La Jornada es, y seguirá siendo, un periódico diferente.
RAYUELA
Jornada: Del latín diurno, propio del día • Camino que yendo de viaje se anda regularmente en un día • Tiempo de duración del trabajo diario de los obreros • Fig. tiempo que dura la vida del hombre… • Estipendio del trabajador por un día, jornal • Tirada de unos mil 500 pliegos que se hacía antiguamente en un día.
domingo, 1 de marzo de 2009
Tirarse un Pedo, todo un lujo...
El frijol sale de la canasta básica y se convierte en alimento de lujo.
A un año de la apertura total al agro, el precio del frijol ha subido casi 50%.
A un año de haber entrado en vigor el capítulo agrícola del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el frijol ha aumentado de precio en 49.79 por ciento y llega a venderse a los consumidores entre 15 y hasta 37.90 pesos por kilo, dependiendo de la variedad, marca y lugar donde se comercialice, de acuerdo con información oficial.
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A un año de la apertura total al agro, el precio del frijol ha subido casi 50%.
A un año de haber entrado en vigor el capítulo agrícola del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el frijol ha aumentado de precio en 49.79 por ciento y llega a venderse a los consumidores entre 15 y hasta 37.90 pesos por kilo, dependiendo de la variedad, marca y lugar donde se comercialice, de acuerdo con información oficial.
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