¡Chicarcas atestigua la caída de Felipe!
Por el Maistro Chicarcas
¡Ya, compis! Ahora si les voy a contar la neta y terminar de un vez con las especulaciones. Resulta que venía yo con mi super cuatachon el Felipe. Traíamos una crueldad insoportable por que la noche anterior nos habíamos enfrascado (en todo sentidos) en una discusión sobre cómo debería resolverse el gran chasco ese de la marcha desiluminada. Entre flexiones de codo, algunas guacareadas y unas chuleadas a las reinitas que paseaban orondas por La Pulcata, llegamos a la sabia conclusión de que es mejor el Bacardí con limón que con Bonafina. Y es que ya a las tres de la mañana ni sabíamos de que carajos estabamos discutendo. A esa hora llegó una de sus nanas y con un brazo se lo echo al hombro y de ahí a su casa.
Yo, no sé cómo (bueno, si sé, es que tengo duplicado de las llaves) desperté en la casa del Pitirijas deseando no haber nacido pues ahí se andaba paseando su mujer en tubos y bata de dormir. Ya ni me despedí y salí para quedarme sentado en la banqueta al mero rayito del sol mañanero para así aliviar mi malestar. En eso llega el Felipe en una bici bien chida, desas que tienen direccionales, portavasos y canastilla frontal para poner las tortillas, y me dice:
-Quihubo Maistro. Vamos a curárnosla ¿no?
-Pos vamos pero, ¿Dónde me subo? Ahh ya sé, pásate a la canastilla y yo conduzco.
-Chales inche Chicarcas, te he dicho que no me jodas con eso de mi estatura.
-Soooo, no chille. Ta güeno, a ver, te llevo en las piernas.
-Sigue chingando Maistro y un día de estos te va a dar gastritis...
-No pos yastas. -Y así, por las buenas, me subí a los diablitos de la bici y emprendimos el camino a La Pulcata.
Y ahí vamos. Una señora me gritó bien indignada:
-¡Oiga joven no sea abusivo! Mejor maneje usted y que el niño vaya atrás.
Y pos ya con eso, y la cruda, el Felipe terminó por perder el control.
-¡Mellevalachingada! -dijo Felipe- inche gente siempre haciéndo burla de mis cosas. Ya estoy hasta la madre de eso, -entonces comenzó a pedalear más fuerte- y de esas jodidas mantas. Chales, ¡deberían agradecerme! Bola de jodidos. -En eso Felipe agarró una bajada bien pronunciada y el wey seguía despotricando:
-...ndigo Peje, siempre lo traigo encima. Me caí que ya no la veo llegar. Ya me dan ganas de renunciar de una vez así como el japonés ese y ora que todos se piquen el hoyo para que vivamos mejor.
En ese punto la velocidad era tremenda y sus lagrimitas le escurrian por las orejas. De pronto que se atraviesa la avenida y ¡mocos! contra el metrobús.
Entre fierros retorcidos y sodomizantes Felipe preguntó:
-Argghhh, ayyyy ¿Estás bien Chicarquitas? -y le respondí:
-Este... Siiiii weeeeeey, estoyyyy bieeeen. Me bajeeeé haaace dos cuadraaaaas.
¡¡¡Upsss!!!
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